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mayo 27, 2008

Línea Curva

Quiero dejar de ser yo. Quisiera escoger un sabor de helado y no tener que probar mil cucharitas. No sé si soy incoherente o solamente inmadura. Me falta definir tantas cosas y a la vez creo que mi naturaleza es mantener cierta indefinición. ¿Es necesario tener las cosas claras para avanzar en la vida? ¿El instinto y la espontaneidad pueden ser un timón seguro?

A veces quisiera que dejara de ser importante ser coherente. El problema es que el resto del tiempo me lo paso tratando de serlo. ¿Tiene algún sentido? Espero que no. En estos días me pregunto muchas cosas. ¿Soy racista? No. Pero me aventuro a opinar sobre Tula Rodríguez y Javier Carmona y pensar que ella la hizo linda, para luego reírme de las parodias que hace la tele sobre ellos. No soy racista pero muchos de mis pensamientos lo son y me los callo. Amo al Perú pero me trenzaría en una pelea a puñetes con cualquier microbusero, cobrador de combi o funcionario público. Amo al Perú pero ruego irme lejos, interdiariamente. Amo al Perú pero odio el olor a orín de algunas calles; aborrezco las excusas y los casi con los que nos consolamos los peruanos; reniego de la informalidad y la encumbrada “cultura chicha”.

Sin embargo, he salido a las calles con la cara pintada con mi banderita de Perú a repudiar al dictador vivo. Y he cantado en el extranjero nuestro himno con genuina nostalgia y sentimiento de pertenencia. Y me he quedado conversando en una calle de Huancavelica con peruanos que me han conmovido y me han hecho sentirme orgullosa de haber nacido por aquí. El amor por un país tan quebrado y dolido es una incoherencia de nacimiento. Y esa marca me persigue y me la trato de quitar pero es indeleble.
Es importante ser coherente no por miedo a la contradicción sino por respeto a la lealtad. Tal vez la fórmula sea dejar de querer tantas cosas, dejar de querer abarcarlo todo, tenerlo todo. Dinero, éxito, reconocimiento, tiempo para vivir y divertirse, amor, silencios y música… Nunca dejamos de querer cosas no nos damos cuenta de que muchas veces pedimos cosas que están en orillas opuestas. No quiero hacer dieta ni vivir obsesionada con mi peso, pero soy capaz de dejar de ir a una reunión si todos mis jeans me sacan el rollito flotador. Maldigo a los que no tienen fuerza de voluntad pero acabo de comprar unos complementos dietéticos que dicen que te ayudan a quemar grasas.

Quiero ser un olmo y dar peras en primavera. Quiero ir al concierto acústico que den Rubén Blades, Amy Winehouse y Plácido Domingo. No quiero perderme cuando canten en un maravilloso trío cualquier canción de los Beatles. En mi celular conviven Menudo y Silvio Rodríguez y me niego a admitir que puedo tener gustos un poco incoherentes. A veces cierro los ojos a lo heterogéneo de mi ser. Todos somos la suma de nuestros lados opuestos.

Es difícil exigirse seguir una línea toda la vida. Creo que dejarnos llevar de vez en cuando por el instinto más que por la norma puede ser interesante. Puede ser peligroso y frustrante también algunas veces. Enamorarse es una buena forma de caminar en zigzag: dudar siempre, tener certezas, acertar y equivocarse. Es rico darse el tiempo y la libertad de equivocarse, es valiente saber reírse de eso. No tomarnos tan en serio, permitir más, restringir menos. Para amarlo he querido dejar de ser yo misma, por ejemplo. He buscado convencerlo con discursos coherentes; he pretendido no extrañarlo a los cinco minutos de que se ha ido; me he quedado sin argumentos para perdonarlo pero con demasiadas ganas de hacerlo. Desde que lo amo he tenido más valor para ser incoherente.

P.D: Valga la aclaración incoherente no significa advenedizo, ni oportunista ni tránsfuga. Según la Real Academia de la Lengua Española coherencia es: 1) Conexión, relación o unión de unas cosas con otras.2) Actitud lógica y consecuente con una posición anterior.

abril 15, 2008

SEÑALES DE HUMO

Me ha comido una vez más el silencio. He dejado en blanco muchos días este blog y me he divorciado de mis ideas para escribir. No tener computadora en mi mini casa ha sido una buena excusa. Mis arranques nocturnos de rabia escritora no han encontrado vehículo. O me he quedado pasmada tras mi renuncia al ministerio y mi regreso a la universidad. No lo sé. No se casi nada en los últimos días.

Renunciar a un lugar que más que un trabajo se había convertido en una cárcel no debería ser una experiencia traumática. Pero ponerte frente al desempleo una vez más, por decisión propia, siempre asusta. Buscar lo que quieres, seguir tu vocación, le dicen, es un proceso un poco autodestructivo. Avanzas y retrocedes, rechazas propuesta, cierras y abres puertas a velocidades de superhéroe. Pero te sientes chiquito, como el Ratón Pérez, que dicho sea de paso no estoy muy segura si es pariente de Speedy Gonzáles o son el mismo personaje. (Se agradecen aclaraciones)

Salir del ministerio fue sano pero peligroso, estoy de nuevo en la acera mirando los carros pasar y no logro subirme a ninguno. Estoy también en la universidad, con la consigna de acabar lo más pronto posible. Pero también con la idea de sacar provecho de los proyectos que me obligan a emprender. Escribir un libro, hacer una tesis, iniciar una campaña en los medios en contra del alcoholismo. Ya que tengo las balas debería empezar a disparar. Quizás logré cambiar la idea generalizada de que la universidad no sirve para nada.

O quizás me siga muriendo de miedo, en el silencio sin computadora ni Internet de mi casa. Sin escribir páginas del libro sobre César Hildebrandt que tanto entusiasma a mi profesor. Sin investigar sobre el control de los medios para mi tesis. Sin buscar elementos para denunciar a las empresas que llenan de alcohol la sierra del país, vendiendo productos no aptos para el consumo humano. Tal vez siga viendo, un día si y un día no, el juicio de Fujimori y leyendo libros sobre los crímenes de la Cantuta, como si en eso se me fuera la vida. Teniendo pesadillas con las cosas pendientes y los logros que no llegan. También soñando con los nueve estudiantes y el profesor que no sé qué vela cargan en mi entierro.

En estos días de borrascosa tranquilidad he querido escribir este post, aunque me empiezo a arrepentir por la incoherencia de mis frases. No veo un tema claro, no entiendo muy bien que he querido decirles. Tal vez solo he querido mandar mis señales de humo. Tal vez transportarme en estas letras me haga más sólida y real. ¿Será que siempre escribo para entenderme mejor?